“El día que entendí que el algodón peruano no necesita ser más barato, sino más valorado.”
Hace un tiempo conocí al Sr. Juan, un productor de algodón Tanguis orgánico en el sur del Perú. Nos abrió las puertas de su cultivo y me mostró sus procesos, desde el compost hasta las certificaciones que validan su trabajo.
Mi yo eterna aprendiz quiso ir un poco más allá: conversar sobre volúmenes, costos, clientes y competidores.
Muy cerca de su campo descubrimos dos grandes empresas dedicadas a la exportación de prendas en algodón pima peruano y a la venta de telas.
Y aunque podría parecer una oportunidad, para él significaba todo lo contrario: sus volúmenes eran pequeños, sus precios poco valorados y sus campañas cerraban cada año con pérdidas.
Le pregunté por qué creía que sucedía eso.
Su respuesta me marcó:
“Nadie conoce las bondades reales del algodón peruano. Solo intento seguir cultivando para pagarle los estudios a mi hija.”
Ahí entendí que detrás de cada hectárea hay una historia de pasión, pero también de invisibilidad.
Tiempo después quise comprar Tanguis orgánico para desarrollar unas telas… y ninguna empresa tenía disponibilidad.
Había sido reemplazado por algodón americano (Supima), más barato, pero ajeno a nuestra tierra.
Desde ese día me propuse algo:
dar a conocer el valor real del algodón peruano.
Porque muchos aún creen que “hecho en Perú” o “algodón pima” es sinónimo de origen local… y no siempre es así.
Falta conocimiento, trazabilidad y educación en toda la cadena textil.
Y esa falta de conexión termina apagando la labor impecable de productores como el Sr. Juan.
Hoy, desde Ditex, seguimos trabajando para revalorizar nuestra fibra nacional y aportar una hebra más a este propósito:
que el algodón peruano vuelva a florecer en su verdadera esencia.
– Por Lety Lázaro, fundadora de Ditex.





